El autor explica que al principio se sorprendió por su lentitud en los senderos, aunque tenía la sensación de haber hecho un esfuerzo real. Después de la carrera, su respiración era estable y sus piernas funcionaban “como deben”. Luego, al mirar su reloj, comprueba que el ritmo que muestra es “slow enough” como para hablar de un problema si se viera en carretera.
El planteamiento central es que correr por senderos no sigue las mismas reglas que correr por asfalto: el suelo es diferente y obliga a otro ritmo. El autor subraya que el paso cambia y que los tobillos, las caderas, las pantorrillas e incluso el cerebro deben trabajar más, incluso cuando el trail parece fácil. La clave está, por tanto, en poner la cifra en contexto antes de dudar de uno mismo.
Entre las explicaciones, el autor insiste en la energía que se pierde por el relieve y la falta de regularidad. En carretera, la energía se utiliza sobre todo para avanzar, mientras que en los trails una parte se emplea para mantenerse de pie, encontrar adherencia, frenar y evitar golpear una piedra. Describe encadenamientos de superficies (dirt, gravel, mud, root) que obligan al cuerpo a ajustarse constantemente.
También relaciona la bajada de la velocidad con las subidas y con la dificultad que revelan rápidamente. Incluso los trails calificados de “flat” incluyen ondulaciones, zonas con desnivel, twists y subidas que hacen caer el ritmo sin que necesariamente parezcan espectaculares. En subida, las exigencias aumentan para las pantorrillas, los glúteos, los isquios, la respiración y la paciencia, y el autor dice que se puede “fake control” en llano, pero no durante mucho tiempo en una cuesta.
Por último, el artículo propone un método para interpretar las salidas: en lugar de fijarse en la distancia y el ritmo instantáneo, el autor aconseja valorar el esfuerzo, el tiempo “on feet” y la forma en que se gestionó el recorrido. Recomienda evitar comparar una salida de carretera con una salida de trail y explica que el ritmo instantáneo puede volverse “messy” con las curvas, los cambios de elevación y los desajustes del GPS.