En una etapa final del recorrido, Sandy Stott explica que el acercamiento a sus 80 años hace que sus salidas sean más valiosas. En primer lugar, dice que la vida diaria no decepciona, sino que, al contrario, se vuelve aún más “hermosa”, sobre todo cuando ya no tiene que volver por una reunión a la tarde.
El autor precisa que lo más difícil no es el paisaje, sino la gestión de sus “versiones” en movimiento. Describe una pluralidad de sí mismo avanzando a velocidades y objetivos distintos, y, en un buen día, recuperando un ritmo sencillo que se extiende a lo largo de kilómetros.
Sandy Stott relaciona este cambio con una reorganización del gesto: en lugar de correr como antes, debe “inclinarse” entre distintas velocidades al caminar, vigilando un equilibrio que sigue siendo correcto, pero ya no tiene la soltura de antes. Presenta esta constatación como la parte “que te hace reflexionar” antes de volver a su tema, el “down”.
Para explicar su cambio hacia “down is up”, cuenta que durante mucho tiempo esperaba la ascensión. Menciona su preferencia por los “pasos pequeños”, resume su mantra con “Never take one step when you can take two” y describe cómo sube con un ritmo estable cuando el terreno se pone más empinado.
Por último, afirma que ahora la “alegría” del movimiento proviene de las micro-pendientes que invitan a “shuffler”. Vivendo cerca del Atlántico y en un terreno que se cree plano, dice que con un desnivel ligero basta para activar esos pequeños pasos rápidos, con la esperanza de que, en los mejores días, eso lo lleve hasta la siguiente subida.